Para Mujer Bolso Para Mujer Del Negro Repetición Eqio5k

SKU565783503622836
Para Mujer Bolso Para Mujer Del Negro Repetición Eqio5k
Womens
Menú Buscar Iniciar sesión
Bolsa De Malla Panel De Bolsa De Viaje Adidas Azules 2igcImXY
Crónica Global: Cataluña, actualidad y

Iniciar sesión

El usuario y contraseña introducido no son correctos. Por favor, inténtalo de nuevo.
No se ha podido enviar el correo de recuperación. ¿Es correcta la dirección? ¿Tienes el buzón lleno?
La petición se ha realizado correctamente. Revisa tu correo, habrás recibido un mensaje con tu contraseña

¿Aún no tienes cuenta?

Suscríbete y disfruta de los múltiples beneficios de ser usuario de Crónica Global
Suscribirme ahora
Cerrar
Inicio Una Iglesia de laicos

Juan Antonio Estrada

SÍNTESIS DEL ARTÍCULO

El autor propone un nuevo modelo de eclesiología, el del «pueblo de Dios» y el de «Iglesiacomocomunión de comunidades», en el que es posible replantear el papel activo de loslaicos, sucogestión en la vida interna de la Iglesia y su aportación misional. A par­tirde aquí, se define en qué consiste la identidad del laico, su espiritualidad y sus contribucionesalcristianismo.

La iglesia son los curas, es decir el papa, los obispos y religiosos (as)

Esta ha sido la mentalidad dominante durante siglos y la que todavía hoy se expresa en el lenguaje eclesiástico y en la conciencia popular. El sacerdote es el que representa a la Iglesia, es decir,toma las decisiones en nombre de todos y, a lo más, se puede asesorar por algunos segla­res que colaboran en las parroquias y en los movimientos apostólicos. Esta mentalidad ha sido oficial hasta el concilio Vaticano II. Desde entonces, se encuentra constantemente ero­sianada e impugnada, tanto por la teología co­mo por la vida de la Iglesia, aunque mucha gente no se ha enterado todavía, o no quiere enterarse, del profundo cambio eclesiológico que se ha producido.

Por una parte, laHoy las misiones no son ya los paí­ses del tercer mundo, sino las calles de nuestras ciudades, los centros educativos y las familias. Vivimos en una sociedad secularizada y crecientemente emancipada del influjo de la Iglesia y del mismo evangelio. Abundan los pa­ganos bautizados, es decir, aquellos que en la práctica han prescindido de los valores del evangelio en su vida y que reducen su contac­to con la Iglesia a algunos momentos puntua­les (bautismo, primera comunión, matrimonio y funerales) o a algunos actos religiosos especí­ficos (procesiones, romerías, peregrinaciones, fiestas, etc). Las viejas cristiandades son hoy tierra de misión y la reevangelización de Euro­pa es el reto para las Iglesias.

El seglar, es decir, el cristiano que vive en el mundo, es hoy el agente primero y preferente de esta evangelización con los no cristianos, los bautizados no creyentes y los mismos cris­tianos33Hay que crear un renovado tejido social del cristianismo que favorezca la identidad eclesial y evangélica de los cristianos. Hoy no se es cristiano por incul­turación en Occidente, ni por presión social, ni siquiera por el influjo de la educación (en la que o no hay formación religiosa o ésta no respon­de a las necesidades catequéticas y formati­vas de la fe cristiana).

La familia sigue siendo el primer lugar del crecimiento de la fe, desde una educación ba­sada en el testimonio y en la interpelación, más que en la información religiosa y en la imposi­ción doctrinal o moral. Necesitamos testigos de Dios que hablen de él en función de su pro­pia experiencia y vivencias, en lugar de basar­se en lo que han leído, escuchado o aprendi­do. Más que recitar doctrinas sobre Dios hay que comunicar itinerarios biográficos, búsque­das personales, dudas e interrogantes desde las que Dios se ha convertido en el referente fundamental de la propia vida.

El laico es el testigo de Dios en la sociedad, el misionero, que no puede confundirse con el proselitista. No se trata tanto de incrementar el número de los miembros de la Iglesia, cuanto de vivir, de tal manera que se testimonie una identidad cristiana. Ser cristiano no es ser al­guien sin pecados (esa es la mentalidad farisai­ca que critica el evangelio), sino esforzarse por vivir en sintonía con Jesús. Hay que «recrear» y «reinventar» el evangelio en cada época históri­ca, de acuerdo con cada personalidad y cir­cunstancia. Desde ahí surge «el testigo», que in­tenta vivir el seguimiento de Jesús desde la cre­atividad del Espíritu, que habita en cada perso­na. No se transmiten tanto credos y doctrinas cuanto convicciones y experiencias, actitudes y valores que forman parte de la propia identidad.

Surge así el testimonio ante los propios hijos, familiares y amigos, a los que se manifiestan las convicciones que dan sentido a la propia vida. No sólo hay que dejar a los otros una herencia material, sino también los valores y las orienta­ciones que han dado sentido a la propia vida. Esto forma parte de la misión laical de los pa­dres, los educadores y otros agentes eclesiales.

Aparece así la testificación pública de la fe, perdiendo el miedo y la vergüenza a presentarse ante los demás como cristianos. Un gran pro­blema para la misión de la iglesia son los cristia­nos vergonzantes, que pretenden reducir la fe a su vida privada, a costa de su actuación pública. Esto no es simplemente lo que se espera del cle­ro, sino que hay que demandarlo a cada cristia­no, siendo los seglares los testigos privilegiados en las realidades mundanas y temporales.

1.1. La misión determina a la Iglesia

Se hadado también unde la misma Iglesia. Lo importante es anunciar

y construir el reinado de Dios en el mundo, es decir, que los pobres, los enfermos y los peca­dores reciban la buena noticia del evangelio. Jesús vino a devolvernos la esperanza, a forta­lecernos ante la experiencia del mal y del sufri­miento, y a enseñarnos que el amor a Dios y a los demás son las dos caras de una misma re­alidad. Para Jesús no hay separación entre lo natural y lo sobrenatural. Hay que ayudar a los demás corporal y espiritualmente, combatir el pecado que genera miseria humana y empo­brecimiento espiritual, y denunciar las estruc­turas injustas de la sociedad y de la religión.

Jesús viene a ofrecernos una manera nueva de vivir, a construir una fraternidad en la que el hombre deje de ser lobo del hombre y a mos­trarnos a un Dios paterno y materno, compa­ñero y amigo, que nos llama a asumir nuestra libertad y a seguir un camino en el que nos ha precedido Jesús. A partir de ahí, no es posible separar ya lo humano y lo divino, lo natural y lo espiritual.

Hay que humanizar a Dios, viéndolo en el rostro del prójimo, y divinizar lo humano, eva­luando y discerniendo los signos de los tiem­pos a la luz del mensaje del Reino de Dios. No hay que poner la identidad cristiana tanto en las prácticas sacramentales y la frecuencia en las devociones, que son necesarias como fuentes de la identidad y creatividad espiritual, cuanto en la forma de vivir y de relacionarse con uno mismo, con los demás y con Dios. Ser bueno y misericordioso ante la miseria propia y ajena es más importante que ser piadoso y religio­so, aunque la piedad y la religión deben ser la plataforma que potencia la capacidad de dar­se a los demás.

No hay que confundir el fin con los medios, como ocurre a los padres que se lamentan del distanciamiento religioso de sus hijos, que tie­nen pocas prácticas sacramentales y devo­ciones, y, en cambio, no valoran adecuada­mente la capacidad de bondad, de entrega y de servicio a los demás que, a veces, mues­tran. La piedad está al servicio de la vida cris­tiana, basada en el amor a Dios que pasa por la entrega a los otros, por eso debe fomentar­se y ayudarla a madurar. Pero piedad y vida cristiana no son lo mismo, como tampoco la religiosidad suple la entrega a los demás.

El seglar ha sido siempre receptivo a la di­mensión humana del evangelio.proclamaban los cristianos en los siglos II y III. Allí donde hay valores ge­nuinamente humanos, ahí está Dios. Por eso, el criterio fundamental del reinado de Dios son las relaciones personales (Mt 25, 31-46) y no el cumplimiento de algún precepto religioso. En última instancia, la forma de reaccionar ante las situaciones humanas (tuve hambre, sed, estuve enfermo, me encontré sólo y abandonado, etc.) es lo que decide la pertenencia al Reino, y no simplemente la incorporación a la Iglesia.

En la Iglesia, ni están todos los que son ni son todos los que están. De ahí la mezcla de signo y contrasigno que constituye la historia de la comunidad eclesial. Una teología del lai­cado no puede construirse en base a un con­junto de devociones y prácticas religiosas, si­no desde la forma de relacionarse con las co­sas y las personas. Cuando más se muestra la identidad cristiana no es precisamente cuan­do nos relacionamos con Dios, sino en nues­tra forma de percibir y valorar las realidades de la creación.

Hay que completar por ello el eslogan del hu­manismo cristiano “todo lo humano es nuestro, pero nada inhumano nos es indiferente”. De ahí surge el compromiso de fe que lleva a la lucha por la justicia y a la defensa de los derechos hu­manos. El Reino de Dios no es algo espiritual que pasa por encima de las realidades históri­cas. La santidad se traduce en un crecimiento humano, porque Jesús viene a enseñarnos a ser personas. No todo lo humano es cristiano, porque hay formas de vivir incompatibles con el evangelio, pero todo lo cristiano es humano,porque Jesús nos muestra un camino en las encrucijadas de la vida, una forma de reaccio­nar ante los acontecimientos, que es la que lleva a que el reinado de Dios se haga presen­te en la sociedad humana. Primero a partir de Jesús, luego desde los suyos, cuando se es­fuerzan por vivir y establecer relaciones que testimonien la fraternidad humana y la filiación de todos respecto del Dios universal, el Padre de Jesús.

1.2. Humanizar el espíritu, espííritualizar lo humano

Junto a esto surge unaDurante mucho tiempo, la espiritualidad, es decir, los distintos modelos de vida cristia­na inspirados por el Espíritu, seguían las pau­tas de la vida religiosa. Las distintas órdenes y congregaciones religiosas han seguido la línea de que hay que renunciar al mundo (y a las re­alidades temporales como el dinero, la profe­sión o la política), dar prioridad a la oración y a la contemplación, y dedicarse al apostolado desde la movilidad que ofrece el celibato y el voto de castidad.

La doble imagen de Marta y María, es decir, de la actividad y la contemplación, se resolvía en favor de la segunda, a la que se subordina­ba la primera. De ahí, que los modelos de san­tidad de la Iglesia católica han sido abruma­doramente clericales y religiosos.votos de pobreza, de castidad y de obediencia han servido de fundamento para las distintas es­cuelas de espiritualidad, que luego se aplica­ron a los laicos.

En la segunda mitad del siglo XX, sobre to­do a partir del concilio Vaticano Ii, ha surgido Un nuevo modelo de espiritualidad. Hay que buscar a Dios en el mundo y en la historia. Lo sobrenatural se da en lo natural, lo divino en lo humano y lo espiritual en lo mundano. El cris­tiano del futuro será alguien que ha experi­mentado a Dios y que se ha comprometido con los demás (K.

No hay que renunciar al mundo, sino orde­narlo según el plan de Dios. Por eso, el matri­monio es un camino tan válido para la santi­dad cristiana como el celibato, y la renuncia no es el centro de la espiritualidad, sino la ac­ción de gracias y la transformación de las rea­lidades terrenas.

Vivimos en un mundo imperfecto, bueno pe­ro inmaduro y afectado por el pecado. El sép­timo día, Dios descansó y comienza la histo­ria. Cada ser humano está llamado a ser cocreador con Dios, colaborando en la creación y aportando su propia contribución a un mun­do más humano, más acorde con el plan de salvación y más perfecto.

De ahí, la valoración cristiana del trabajo, de la economía, del arte y de la política, es decir, de los ámbitos profanos en los que tiene que vivir y realizarse el hombre. El laico está llama­do a ser instrumento de salvación, ya que Dios no desplaza al ser humano, sino que lo llama a asumir su papel histórico en la transforma­ción del orden de la creación.

Éste es el fundamento mismo de la espiri­tualidad laical y de las vocaciones laicas. No es verdad que haya crisis de vocaciones en la Iglesia.Loque ha entrado en crisis es una ma­nera de entender la vocación a la vida religio­sa y al sacerdocio ministerial que se ha que­dado obsoleta. Mientras florecen y se multipli­can las vocaciones laicales cristianas. Esto es también un signo de los tiempos que exige discernimiento e interpela a la Iglesia.

Surge así un modelo de santidad en el mun­do de la economía y de la política. No se pue­de evangelizar la sociedad sin trabajadores, economistas y empresarios cristianos, ni es po­sible luchar por una construcción evangélica de la sociedad humana si no hay políticos que luchen contra la corrupción y que busquen proteger a los más débiles de la sociedad. La espiritualidad pasa por los ámbitos munda­nos, en los que tiene que hacerse presente la fuerza del evangelio. Dios llama a ser cocrea­dores y corredentores, es decir, a luchar con­tra el mal y el pecado que cristaliza en estruc­turas sociales injustas que condenan al ser humano a la marginación, el subdesarrollo y condiciones de vida infrahumanas.

Podemos hablar de una ecología del peca­do, según la cual, el pecado del mundo nos afecta y nos condiciona, y nuestros pecados personales contribuyen al mal social y a las es­tructuras que oprimen a la persona humana. Somos víctimas y culpables al mismo tiempo, de ahí nuestra responsabilidad privada y públi­ca. A partir de aquí, hay que desarrollar apor­taciones propias en el orden de la creación y de la redención, La vocación de cada cristiano es irreemplazable e insustituible en el pian de Dios. Nadie puede ocupar el lugar y las cir­cunstancias del otro., que descubre a su próji­mo y que se siente concernido por cuanto oprime al hombre.

“Nada inhumano nos es indiferente”, por­que es Dios mismo quien nos llama a recono­cerlo en el rostro del otro y quien interpela nuestra inteligencia y libertad para ponerla al servicio de su plan de salvación. Si el mundo está mal y hay mucho sufrimiento evitable, no es Dios el culpable. sino la humanidad, y, en­tre ella, los cristianos y la misma Iglesia. Es el valor divino de lo humano, responder a Dios sirviendo a los demás.

Así se resume el nucleo mismo de lo que significa la identidad cristiana en un mundo secularizado pero capaz de captar la salva­ción. Los no cristianos la ven sólo como eman­cipación y liberación humana, porque no son capaces de descubrir al Dios que actúa con y desde el hombre en favor de los demás. Para el cristiano, es Dios mismo quien actúa por me­dio de sus profetas y testigos.

Por eso, Teresa de Calcuta no fue sólo una mujer buena y entregada a los demás, sino un testigo de Dios en el mundo de hoy, a pesar desus limitaciones humanas, de su falta de cultura política y económica, e incluso de sus posibles contradicciones como figura pública. Fue testi­go de Dios, porque él fue la fuente y el origen de su misericordia para con los más pobres.

El pecado no es tanto una acción puntual e individual -en la mayoría de los casos fruto de la debilidad y fragilidad humana, más que una decisión deliberada de rompimiento con Dios-, cuanto una acción relacional que repercute en los otros. “La gloria de Dios es que el hombre viva y crezca” (S.El pecado es lo que impide crecer y vivir a uno mismo y a los demás, todo aquello que se convierte en un obstáculo para el plan de Dios que siempre es la vida humana.

Cada cual tiene que interrogarse por lo que impide el crecimiento y la vida propia y ajena. Dios no quiere sacrificios humanos a mayor gloria de Dios, sino que el Dios cristiano viene a darse a los hombres, para que éstos tengan vi­da. Por eso es la misericordia y no el sacrificio el nucleo de la identidad cristiana. El sacerdo­cio de Jesús es el de una vida toda ella consa­grada al amor y la misericordia. Supo generar vida a mayor gloria de Dios y encontrar a Dios en medio de las acciones humanas. En esto consiste la gloria humana, en encontrar a Dios en la historia y en la vida

Este es el centro mismo de la existencia sa­cerdotal cristiana, que es la laical, y a la que tiene que servir el ministerio sacerdotal. Hay que encontrar a Dios en la vida, percibir la trascendencia en la propia historia, asumir los conflictos y los avatares relacionándolos con Dios. Así surge un Dios trascendente y encar­nado, tan humano en Jesús como sólo podía ser Dios, tan divino cómo para generar espe­ranza y ganas de vivir.

Para ello no hay que apartarse del mundo, al contrario, hay que volver siempre a él y con­vertirse en representante de Dios ante los hombres (desde la oración, la experiencia de fe, la participación en los sacramentos y la con­firmación de la comunidad). También, en inter­pelante ante Dios, en nombre de la humani­dad, presentando a Dios las angustias, temo­res y expectativas de todos los hombres.

Así surge una oración que brota de la vida y que lleva a ella, una experiencia de fe que se expresa en los sacramentos y que sacramen­taliza toda la vida, y una forma de ser personas desde la hondura de lo humano que es lo que nos muestra la identidad cristiana. Esta es la vocación laical por excelencia. Permite ser con­templativo en la acción y comprometido en la oración, sacralizar todo lo profano, relacionán­dolo con Dios (al que incluso se encuentra en­tre los pucheros, como afirmaba Teresa de Je­sús), y mundanizar el Espíritu (haciéndolo pre­sente en las realidades de la vida). Dios nos llama a vivir con hondura las realidades huma­nas y a encontrarle en el centro mismo de la existencia de cada persona (S.

Estos tres cambios fundamentales: una nue­va idea de la misión de la Iglesia, una vuelta a la proclamación y construcción del reinado de Dios en la sociedad humana, y una manera distinta de concebir la espiritualidad han con­vergido en la teología del laicado. La teología de los laicos irrumpe hoy en la eclesiología e impregna todos los ámbitos de la misión de la iglesia. El paso a los laicos no obedece a una moda coyuntural, sino a un replanteamiento teológico, eclesiológico y misional.

En el viejo código de Derecho canónico se definía a los laicos como los no-sacerdotes y no religiosos, es decir, se les describía por lo que no eran. Dado que el sacerdote y el reli­gioso eran los representantes por antonomasia de la institución eclesial, se veía a los laicos co­mo objeto de la misión pastoral de la Iglesia, identificada con el clero y la vida religiosa.

A partir del concilio Vaticano II ha cambiado radicalmente esta teología. El sacramento de consagración a Dios no es el del Orden, sino el Bautismo y la Confirmación (que inicialmente eran un único sacramento que generalmente se administraba a los adultos). Los consagrados en la Iglesia de Jesús son los bautizados «<cris­tianos», es decir, otros Cristos, otros ungidos por el Espíritu), mientras que los no consagra­dos son los que todavía no han recibido el men­saje cristiano. La Iglesia antes que una institu­ción es una comunidad de discípulos y el bau­tizado es el vicario de Cristo (el representante de Cristo en el mundo), enviado por él y fortale­cido con la fuerza de su Espíritu (confirmado).

A partir de ahí, el laico es el cristiano sin más, el que no necesita más descripciones, predi­cados ni especificidades. Hay que definir lo que es un presbítero, diácono u obispo (es de­cir, cómo impregna el sacramento del Orden a la vida bautismal y qué exigencias le plantea), y hay que fundamentar la vida religiosa como otra forma de seguimiento de Jesús (y no co­mo el único camino a la santidad y la perfec­ción), pero el laico es el bautizado, el otro Cris­to que no necesita ulteriores definiciones.

2.1. Consagrados a Dios por el bautismo

A partir de aquí, el laico se convierte en elcristiano (capítulo II de lala mundanidad o secularidad es su rasgo más específico (capítulo IV), aunque no sea su dimensión exclusiva. En cuanto exper­to en mundanidad y en cuanto miembro activo de la Iglesia, tiene el derecho y el deber de ma­nifestar su opinión sobre todos los asuntos de la Iglesia (LG 37), incluido el derecho a la opi­nión pública, de participar en su vida interna (LG 33) y de constituirse en la vanguardia de su acción misionera (LG 36), alcanzando así su mayoría de edad en la Iglesia (LG 37).

Esto implica un cambio en profundidad de toda la Iglesia, otra manera de plantear las pa­rroquias, los movimientos apóstolicos y las co­munidades, y una nueva forma de entender la relación entre el clero y los seglares.

Es toda la iglesia la que es apóstolica, no sólo los clérigos. Por eso, la iglesia en cuanto comunidad universal y local tiene una plurali­dad de ministerios (clericales y laicales) y de carismas, sin que haya oficios que sean mo­nopolio del clérigo.

El laico puede ser el ministro del bautismo (canon 230 3; 861 2), el testigo oficial que presida el sacramento del matrimonio (canon 1112), cuyos ministros son los laicos contra­yentes, y el que asuma funciones pastorales, incluido, en caso necesario, la dirección y ani­mación de las parroquias y comunidades (ca­non 517 2). El cura ya no es el ministro que tiene todas las funciones, ni tampoco una fi­gura aislada al margen de la comunidad.

Pasamos de una teología individualista y centrada en las potestades y autoridad del ministro, a otra comunitaria, participativa y mi­sional. El ministro que preside una comuni­dad, generalmente tras recibir el sacramento del Orden, debe valorarse desde su función de animador de ésta, desde su capacidad de revitalizarla y orientarla, y desde su capacidad misional que es constitutiva de su ministerio.

En la iglesia antigua había una gran cantidad de ministerios, suscitados por el Espíritu, sin que se diera una concentración en el clero y mucho menos un monopolio. Desde el Vatica­no II, la “Ministeria quaedam” (1972) de Pablo VI interpela a la creatividad eclesial en favor de una desclericalización de los ministerios, de una cogestión y participación laical, incluida la formación de un consejo de pastoral (canon 536) y un consejo económico en las parroquias (canon 537), que descargue al clero de funcio­nes que pueden ser asumidas por los laicos.

El presupuesto de una Iglesia más laical y participativa depende de los mismos laicos, de su formación y preparación teológica, que es el requisito indispensable para una coges­tión en las parroquias y en los movimientos apostólicos, y de su disponibilidad y creativi­dad para asumir responsabilidades en lugar de delegarlas en el clero.

El problema de una iglesia laical es similar al de una Iglesia con participación creciente de las mujeres. Hay que superar el clericalismo y el machismo reinante, tanto entre el clero como entre los mismos laicos. Se trata de un cambio de mentalidad, de un nuevo paradigma teológi­co, que exige tiempo, renovación generacional y, sobre todo, un cambio de actitudes y de mentalidades. De ahí, las inevitables resisten­cias al cambio, el peso de la inercia y la deses­peranza de los que captan la lentitud de los cambios y la resistencia de la misma Iglesia en su conjunto, especialmente en los ámbitos de mayor edad y responsabilidad jerárquica, para esta transformación del marco eclesiológico.

Hoy vivimos una época de transición entre un modelo en declive de la Iglesia, el que se construyó a partir de Trento y que culminó en el Vaticano I, y otro todavía balbuceante e in­maduro que se inspira en la época neotesta­mentaria y patrística, es decir, en los orígenes del cristianismo.

2.2. Un nuevo marco eclesial

Pasamos así(la Iglesia como una sociedad

perfecta y desigual, en la que unos mandan y otros obedecen, unos enseñan y otros apren­den) aenque permite la estructuración de una mul­tiplicidad de carismas y ministerios. Cada uno sirve a la iglesia en cuanto miembro de ella.

Todos somos iguales desde el carisma y el ministerio recibido (que es un don y un impe­rativo, una gracia y una tarea), siempre en un contexto comunitario. La Iglesia es la «familia de Dios», y, en ella, el lugar del padre queda vacío para Dios y su Cristo.

Toda paternidad y maternidad en la iglesia se realiza desde la común dignidad cristiana, en la que todos somos iguales y el papa no es más cristiano que el último de los laicos. Esa pater­nidad y maternidad espiritual implica, sin em­bargo, la diversidad de tareas y ministerios, siempre en función del don recibido, de la elec­ción comunitaria y de la consagración o institu­ción en el correspondiente ministerio. Todo don de Dios es también una responsabilidad y una tarea que hay que asumir en la comunidad.

Es toda la comunidad la que discierne y evalúa (1 Tes 5,19-22) y no sólo una parte de ella (la jerarquía). La Iglesia se constituye así en sacramento del Reino de Dios, es decir, “en germen y principio de este Reino” (LG 5). Pa­ra ello, la Iglesia tiene que ser un lugar de encuentro entre Dios y el hombre, que es lo que constituye a los sacramentos, desde una fra­ternidad en la que el ministerio es servicio y no dominio, los destinatarios preferentes los miem­bros más débiles, y los consagrados el con­junto de los cristianos.

La ausencia de dominio es la otra cara de la fraternidad eclesial, en la que cada carisma es un servicio y no simplemente una potestad, una tarea y no sólo una dignidad. Así la Iglesiase constituye en signo de comunión para una humanidad plural, conflictiva y frecuentemen­te enfrentada. La unidad no equivale a la ho­mogeneidad ni a la uniformidad, sino a la co­munión desde el respeto a la diferencia, la plu­ralidad de identidades cristianas inculturadas y la común pertenencia a la Iglesia universal, que es una comunidad de comunidades.

Si laera la virtud cardinal de la vieja eclesiología, el(individual y comunitario) es la base de la nueva eclesio­logía. De ahí, el respeto a la propia conciencia, la necesaria cooperación con la jerarquía (LG 33), que pasa también por la interpelación, la representación y en caso dado la crítica res­petuosa y bien fundada, y la aceptación de que son los laicos los que mejor pueden juzgar los asuntos temporales (LG 37), precisamente por­que viven inmersos en el mundo y no aparta­dos de él.

La contradicción surge cuando se quiere in­tegrar esta orientación en la vieja eclesiología, en la que el clero se convertía en la instancia definitoria de lo que había que hacer en el mundo, a pesar de vivir segregado de los ám­bitos seculares, relegando a los laicos a apli­car sus principios y orientaciones.

El precio de este dualismo era el irrealismo y la falta de operatividad de muchas orienta­ciones eclesiásticas (en el ámbito de la familia, de la sexualidad, de la política, del dinero); el de la culpabilización de los laicos (incapaces de llevar a cabo estas orientaciones desen­carnadas y poco atentas a los contextos y si­tuaciones históricas); y el de la permanente minoría de edad del laicado. Esta postura tra­dicional es la que hace comprensible el “creo en Dios, pero no en la Iglesia”, identificando a ésta misma con el clero, que es una parte de ella pero nunca puede identificarse ni sustituir a la comunidad de los creyentes.

De esta forma el laico dejaba de ser el con­cepto matriz de la eclesiología, consagrado y miembro del pueblo de Dios, para adquirir una connotación sociológica, la de inculto, falto de formación teológica y miembro de la plebe que necesita ser orientado por la cúspide je­rárquica. Es lo contrario a la eclesiología de comunión de los primeros siglos, establecida de forma ejemplar por San Cipriano de Carta­go, que defendía que había que consultar a toda la comunidad en los asuntos que concer­nieran a los laicos y al conjunto de la Iglesia.

Y es que el mismo concepto desig­nifica pueblo en asamblea, congregación, reu­nión de los creyentes convocados por Dios y enviados al mundo. Sólo desde ahí, es posible un laicado mayor de edad y una jerarquía en­raizada y apoyada por la comunidad a la que representa y sirve desde el ministerio de di­rección pastoral.

Por eso, la Iglesia es católica, es decir plena y universal, cuando es capaz de asumir las di­ferencias y canalizar los inevitables conflictos que genera una sociedad pluralista desde el discernimiento y la comunión. Ya no es sim­pierriente la obediencia y la sumisión a la je­rarquía lo que caracteriza a los laicos, sino la capacidad de discernimiento personal y de evaluación comunitaria, desde los criterios del amor y de la atención a los miembros más dé­biles de la comunidad.

Un laicado creativo, mayor de edad y cons­ciente de su responsabilidad eclesial es la al­ternativa eclesiológica para el siglo XXI. Los mismos ministros, clericales o laicos, deben ser elegidos teniendo en cuenta esa capacidad para el diálogo, su atención preferente por los miembros más débiles y su testimonio ante el mundo de la increencia y de la indiferencia re­ligiosa. Difícilmente puede ser la Iglesia signo del reinado de Dios en el mundo si no puede mostrar que hay formas de vivir la pluralidad que no son incompatibles con la unidad en­tendida como comunión.

Laes por ello el marco de una renovada teología del laicado, ambas se relacionan y dependen la una de la otra. Al cambiar al laicado transformamos a la misma Iglesia y al modificar el modelo ecle­siológico replanteamos la teología del laicado. En buena parte aquí se juega el futuro del cristianismo en el siglo XXI.

El laicado es el gigante dormido de la Igle­sia católica, su mayor esperanza evangeliza­dora y renovadora, la vanguardia del cristia­nismo en el tercer milenio. Esta renovación de los laicos es también la que permitiría replan­tear el ministerio sacerdotal y los diversos gra­dos del sacramento del orden.

No se trata de proponer una iglesia laical a la meramente clerical, sino de recuperar la co­rresponsabilidad de laicos y clérigos en el con­texto del pueblo de Dios, reequilibrando la ecle­siología que se ha desarrollado en el segundo milenio. Por eso, el futuro pasa por los laicos, que constituyen el gran reto y la gran esperan­za cristiana del futuro para el tercer milenio.

Juan A. Estrada

Cf.J.A. ESTRADA,Ed. San Pablo, Madrid 1992, 75-151.

He intentado desarrollar este modelo de oración enJ.A. ESTRADA,Ed. Sal Terrae, Santander 1986, 253-299.

Cf.J.A. ESTRADA,Ed. San Pablo, Madrid 1990, 153-166.

Cf.R. PARENT,Ed. Sal Te­rrae, Santander 1987, 43-68.

Una nueva manera de entender la Iglesia
Mi perfil
Bolso De Mano Colores De Invierno Por Vida Vida Z5lzqY
/ Registro
Mi perfil
Acceso / Regístro

Navantia culmina la segunda plataforma para Iberdrola con la mirada puesta en un tercer contrato

La relación entre Navantia y Iberdrola va viento en popa. El astillero de Puerto Real ha culminado en un tiempo récord, unos quince meses, la segunda plataforma encargada por la eléctrica española para un nuevo complejo eólico-marino._Se trata del parque que promueve en el Mar del Norte , denominado East Anglia One . Navantia se ha convertido en poco menos de cuatro años en proveedor de la infraestructura offshore que demanda Iberdrola y es que la constructora naval diversificó su negocio justo a tiempo para poder abrir su abanico de posibilidades hacia otros campos. Así, Navantia se ha convertido en un referente en la reparación de grandes cruceros y también ha metido la cabeza en el área offshore gracias al apoyo de Iberdrola.

Navantia y Iberdrola Mar del Norte East Anglia One

La compañía eléctrica tiró de Navantia a mediados de 2014 para la construcción de dos piezas clave del complejo eólico que desarrollaba entonces en aguas alemanas del Mar Báltico. Se trataba del complejo Wikinger . Así nació esta exitosa relación. Iberdrola adjudicó a Navantia la construcción de la plataforma para albergar la subestación eléctrica del parque y las ‘jackets’ donde se anclarían los molinos de viento. La empresa naval cumplió en tiempo y forma con el contrato, lo que motivó en 2016 un nuevo acuerdo para la infraestructura de un nuevo complejo marino. En esta ocasión era el East Anglia One, en aguas inglesas del Mar del Norte. Iberdrola adjudicó también a Navantia la construcción de la plataforma para albergar la subestación, su soporte y los ‘ jackets ’ de los molinos.

Wikinger jackets

El próximo martes se entregarán estas estructuras. El acto tiene especial relevancia porque Iberdrola desarrolla en estos momentos un nuevo complejo de energía renovable en aguas de la bretaña francesa, se trata del complejo Saint Brieuc , donde Navantia espera también pescar un pellizco de la infraestructura necesaria. Navantia ha logrado contratos en los dos proyectos por valor de 350 millones de euros. Estas adjudicaciones han permitido dar trabajo a más de 2.600 personas en los astilleros de Fene (A Coruña) y Puerto Real (Cádiz) y en de la asturiana Windar en Avilés (Asturias), además del arrastre sobre la economía local que ha generado esta actividad. Uno de los ejemplos más claros del efecto inducido fue el contrato con la compañía viguesa Industrias Ferri para la fabricación de 71 grúas para la carga de equipos en el montaje del parque marino en aguas alemanas.

martes 26 de junio de 2018 | Suscribite
INTERNACIONAL / Una historia singular
miércoles 4 abril, 2018

Rafaela Baroni es una venezolana muy particular. En el pequeño pueblito de Betijoque , en el estado de Trujillo, es una celebridad , en parte por sus valiosas obras como artista plástica, casi todas apuntadas al arte religioso, pero mucho más porque "volvió dos veces de la muerte", experiencias de las que Rafaela, hoy de 82 años, cuenta vivencias con una precisión sngular. La primera vez que Rafaela "murió" era una nena , tenía apenas 11 años, ya había perdido a su parte y su madre se había vuelto a casar mudándose a Mérida, donde una tarde de 1945 la encontraron inmóvil y sin signos vitales. La llevaron de urgencia a un médico que vivía en las cercaníasy el médico, tras revisarla, confirmóla peor noticia: "la pequeña ha muerto" . Luego de tan terrible desenlace, inexplicable porque Rafaela parecía gozar de buena salud, se hizo el velatorio, y cuando estaban por sepultarla la nena empezó a moverse, sumiendo a todos en shock. Desde entonces sería "Rafaela, la que volvió de la muerte". Ella recuerda el tema "como si fuera hoy", dice, "recuerdo que oía todas las conversaciones,hasta veía a los asistentes, me alegré incluso cuando vi que habían venido mis abuelos, me acuerdo de mi desesperación cuando veíaque me iban a enterrar y yo trataba de moverme y decirles que estaba viva...".

Rafaela Baroni Betijoque celebridad , tenía apenas 11 años, la encontraron inmóvil y sin signos vitales. "la pequeña ha muerto" sumiendo a todos en shock. "Rafaela, la que volvió de la muerte". "recuerdo que oía todas las conversaciones,hasta veía a los asistentes, me alegré incluso cuando vi que habían venido mis abuelos, me acuerdo de mi desesperación cuando veíaque me iban a enterrar y yo trataba de moverme y decirles que estaba viva...".

"El milagro de Rafaela" ganó todas las conversaciones, y le dioun aire de misticismo que la acompañaría toda su vida, signando incluso su tarea como artista plástica. "Recuerdo que quería ayudar a todos, una vez murió una vecina de lepra y nadie quería tocarla para vestirla antes de enterrarla para no contagiarse, yo fui y me encargué de vestirla y la metía en el ataud, lo que hizo que luego cuando alguien tenía desgracias en la familia me llamara para 'preparar a sus muertos', hice ese trabajo unos cuantos años...", indica con una sonrisa. El matrimonio de Rafaela con Leopoldo Sánchez, un hombre con el que recuerda haberse casado "en contra de mi voluntad", no duró mucho ya los 31 años se volvió a casar con "el amor de mi vida, Rogelio Albornoz", hasta que en 1977, después llegaría "su segunda muerte". "Estuve muy enferma, pasé 19 días en coma y finalmente me dieron por muerta otra vez, llegue a estar asi casi tres días,no me enterraron porque había unos papeles que faltaban, así que me llevaron a la morgue de Boconó y me dejaron en el piso hasta que aparecieran esos papeles", contó Rafaela de aquella situación,recordando que también "podía ver y escuchar todo, cuando los empleados de la Morgue vinieron finalmente a buscarme, empecé a moverme y allícasi se mueren ellos del susto. Salieron corriendo gritando que estaba viva..." , apuntó.

COLABORAN Cuadrados De Seda Bufanda Fregonas Por Vida Vida AU3xFa5R
14k Latón Calcedonia Madre Chapado En Oro De La Perla Lolite Amatista Rosa Pendientes De Cuarzo Bounkit 5RdkV4X
Arran Sombrero Tejido Con Correas De Gucci uxvUvxb
> Creación > Textos de autor > Las visitas del fantasma
Textos de autor
Casquillo Del Snapback Rival En Negro Negro Brixton fP3LAB08ba
Jorge Fernández Díaz
Accesorios Bufandas Oblongas De Isabel Marant cXflcT
, Jorge Fernández Díaz , Corbata De Seda De Punto Marrón Serà Seda Fina bPbHWNO9F

Las visitas del fantasma es un texto del escritor argentino Jorge Fernández Díaz publicado dentro de Te amaré locamente , un libro de apuntes sobre la seducción, la vejez, el barrio, el crimen y los dioses, héroes y villanos.

Jorge Fernández Díaz

El fantasma de Sabato se pasea por la vieja casa de Santos Lugares. Visita el atelier donde pintó y repintó cincuenta obras sombrías, recorre la biblioteca llena de ediciones exóticas y en algunos casos directamente pirateadas de sus novelas y ensayos, entra en el cuarto cerrado donde Matilde pasó sus últimos días y finalmente se asoma al jardín. Allí recuerda una tarde entre todas. Cuando su pequeño hijo Mario jugaba ruidosamente con sus amigos y de pronto vio que todos se quedaban congelados. Al darse vuelta, Mario descubrió que su padre se asomaba por la ventana del cuarto donde escribía Sobre héroes y tumbas y que, con ojos desorbitados, le preguntaba: “¿Se puede saber por qué carajo gritan?”. Mario le respondió: “Yo porque soy chico. ¿Y vos?”. Don Ernesto no dijo nada, retrocedió hasta su máquina de escribir y su soledad, y al poco tiempo mudó su oficina a un cuarto del fondo. Mario recuerda que leía a escondidas las páginas de esa novela: temía que no le gustara. Y por ese largo río gótico y existencialista se encontró con el Informe sobre ciegos , como quien se choca con la casa de Psicosis. Le fascinó tanto que muchos años después la filmaría, con un Sergio Renán inolvidable en las ropas de Fernando Vidal Olmos. “¿Por qué no hacés mejor la larga marcha de Lavalle? —quiso prevenirlo don Ernesto—. Es más prudente”. Mario contestó: “La prudencia no es una de mis virtudes”. Padre e hijo cultivaron siempre un carácter hosco, ajeno a las efusiones, una relación de tormentas fuertes y amaneceres espléndidos. Tomados por un pudor insalvable, jamás se comunicaban los sentimientos. A veces se escribían cartitas, para reconciliarse, y Matilde trabajaba de correo, haciendo incluso desaparecer alguna misiva que, según su criterio, podía avivar más el fuego en lugar de apagarlo. La única vez que Ernesto le dijo “te quiero” a su hijo fue cuando cumplió 92 años.

" Sin embargo, los fantasmas no descansan. Están hechos del material de los recuerdos y asaltan de vez en cuando a sus viejos amigos "

Es justamente ahora Mario Sabato quien más está luchando por lograr que esa legendaria finca de Santos Lugares, donde vive un nieto de Ernesto, se convierta en una casa-museo, un punto insoslayable del patrimonio cultural argentino. “Mi padre tuvo varios golpes tremendos —me cuenta—. El primero fue el comienzo de la enfermedad de Matilde. El segundo, la muerte de mi hermano Jorge (en un accidente). El tercero fue la muerte de mi madre. Después estuvo deprimido y atacado por las nieblas de la mente. El principal fantasma de Ernesto Sabato fue él mismo”.

Turley Redmond Rosasco Rosasco, L.L.P.

New York Office

800-671-4927

New York

767 Third Avenue, 24th Floor New York , NY 10017

View map View map
Turley Redmond Rosasco Rosasco, L.L.P.
Modal Bufanda Salvaje Patrón De Vida Vida Artg56X

Garden City

585 Stewart Avenue, Suite 580 Garden City , NY 11530

Para Mujer De La Bufanda Piezas Lisas rHNVKcklA2
View map
Turley Redmond Rosasco Rosasco, L.L.P.
Gorra De Béisbol En Blanco Blanco Lacoste 1nO35y
Turley Redmond Rosasco Rosasco, L.L.P.

Shirley Office

631-399-0400
Turley Redmond Rosasco Rosasco, L.L.P.
Bolso De Lazo Piezas Negras LphV3M9d

ATTORNEY ADVERTISING. Prior results do not guarantee similar outcomes. We serve Long Island (Suffolk County and Nassau County), Queens and the NYC area.

© 2018 by Turley Redmond Rosasco Rosasco, L.L.P. All rights reserved. Disclaimer | Sitemap | Statement of Client Rights | Jack Pañuelo Cuadrado De Seda De Cobre Para Hombre Reiss P6sqYK2
| Accesorios Sombreros Ugg etw9NLmS